Los pueblos y barrios originarios, reivindican y asumen como propio su pasado, su historia, su cultura, sus usos y costumbres, su territorio, sus espacios públicos; en síntesis, su patrimonio tangible e intangible, derecho reconocido y plasmado en diversas leyes. El barrio del Niño Jesús se reconoce como barrio originario de San Agustín de las Cuevas, Tlalpan, uno de los pueblos originarios de la Ciudad de México.

Recientes hallazgos arqueológicos a escasos metros de nuestro barrio, nos dan la certeza de que la historia de los habitantes de este territorio data de hace más de 2,500 años, de una época por mucho prehispánica, cuya cultura ancestral es parte de nuestra identidad originaria y de donde deviene el nombre náhuatl de nuestro barrio: Tlapixca; sin embargo, cabe mencionar la dificultad para conocer todos los detalles de esa parte de nuestra historia, por la falta de evidencias.

Durante la época post revolucionaria en la política del reparto de tierras, específicamente la Ley del 6 de enero de 1915, fundamentada en el Artículo 27 constitucional; en la década de los 20’s, las comunidades de Santa María Tepepan, San Pedro Mártir y San Lorenzo Huipulco solicitaron, en modalidad ejidal, el reparto de tierras que entonces formaban parte de la Hacienda de San Juan de Dios. Su concesión delimitó a la postre el contorno del barrio.

Por los documentos que actualmente obran en los archivos del barrio, se sabe que su población estaba conformada por campesinos, que posteriormente mutaron sus actividades con oficios como la construcción en sus más diversas fases: desde localizar y transportar el material, hasta la transformación del mismo. Después existieron ladrilleras en el barrio, de ahí la existencia del famoso hoyo 19, en casas que actualmente cuentan con hondonadas. Estas actividades económicas tienen como vértice el festejo de la Santa Cruz, que se celebra el 3 de mayo de cada año. Posteriormente pasaron a otras actividades: ferrocarrileros, choferes y obreros.

Actualmente, y conforme se amplían las posibilidades socioeconómicas y los centros de educación superior se instalan en el sur de la ciudad, han llegado empleados, estudiantes y profesionistas.

En el barrio del Niño Jesús, Tlapixca, se conservan desde hace varias generaciones las relaciones interfamiliares que tienen como ejes fundamentales la religiosidad y la tradición genuina de la comunidad, ambas expresadas en la devota celebración de su patrona, la Santa Cruz, cuyo monumento está en el corazón del barrio desde finales del siglo XIX. La organización de este festejo está a cargo de la familia Palomares en cuarta generación y obedece al objetivo común de darle continuidad y mantener viva la fiesta de la Cruz a través del tiempo; porque implica reconocerse, valorarse histórica y culturalmente como barrio, porque contiene un conjunto de símbolos y valores culturales que permiten al barrio diferenciarse específicamente ante el mundo con características que le dan sentido de identidad y pertenencia propias y cooperan en la cohesión del tejido social.

La interrelación de las familias se da en lo particular, a partir de los encargos para preparar y organizar las vísperas, en que se coloca la portada con acompañamiento de música y la fiesta principal; se organiza la salva de cohetes, la participación en la Santa Misa, los alimentos para la banda de música, los coheteros y danzantes, el decorado del monumento, la provisión del cendal o sudario para la cruz, el cartel de la fiesta, la participación de los niños y adultos del barrio en los diferentes eventos culturales, artísticos y deportivos. En lo general, los vecinos se involucran a través de una colecta anual, haciendo suya la festividad.

Con la fiesta como tema central, fluye en todos los sentidos la comunicación entre la comunidad, que participa con su presencia en la Santa Misa y en la festividad, en cualquiera de sus expresiones: religiosa, cultural, artística, deportiva o recreativa; siempre dando continuidad a la tradición, que cita incluso a quienes no viven ya en el barrio, pero que nacieron o vivieron alguna época de su vida aquí, permitiendo que los rostros y corazones de diferentes familias y generaciones se reencuentren en torno a un factor en común, su sentido de identidad y pertenencia barrial.

El barrio, se identifica por lo que conoce de sí mismo y de su interacción con otros, su identidad lo remite a una forma de ser, de sentir y de vivir que es compartida por el grupo social al que pertenece; defiende su patrimonio con fundamento en su cultura a través de sus celebraciones. En nuestro barrio, además de la fiesta patronal a la Santa Cruz, a cargo de la familia Palomares; también se realizan otras celebraciones que fortalecen el tejido social y la identidad barrial, como la quema del judas, a cargo de la familia Bobadilla; la quema del viejito, a cargo de la familia Ramírez; el festejo al Niño Jesús en su nicho, a cargo de las señoras María Castro y Francisca Bobadilla; la ofrenda de muertos y las posadas, a cargo del señor Joel Palomares y la señora María Esther Aguirre; así como otras celebraciones realizadas en el marco de la fiesta patronal del pueblo San Agustín de las Cuevas, Tlalpan, como la ofrenda floral, a cargo de la familia Rodríguez, la salva de cohetes, a cargo de la familia Palomares González y la de más reciente recuperación, en que la familia Estevez recibió la imagen de San Agustín durante el decenario en vísperas de la fiesta patronal.

En las décadas de 1940 y 1950, a partir de estudios técnicos de tipo de suelo, extensión de tierras, tipo de propiedad, existencia de agua, clima, las autoridades determinaron que las condiciones climáticas tlalpenses eran propicias para atender la salud de pacientes en sus diferentes specialidades iniciando con las enfermedades pulmonares.
Esa decisión definió a la larga la actualidad del barrio ya que se asentaron en Tlalpan, especialmente en las inmediaciones del barrio del Niño Jesús hospitales de los más importantes de Latinoamérica, que influyeron de manera determinante en su entorno, ya que desaparecieron las tierras de labor o cultivo, implicando como consecuencia un grave deterioro de tranquilidad y un acelerado recorte de los límites del barrio del Niño Jesús. Varios eventos detonaron tal pérdida: la construcción de la Calzada de Tlalpan en 1954, el cambio en la circulación de vehículos que antes derivaba por Mariano Matamoros, la construcción de Viaducto Tlalpan que causó la desaparición del pedregal y el Ojo de Agua y la merma de un importante número de vecinos, amén de las medidas electorales que han subdividido al barrio por sección electoral e incrementado la pérdida de identidad de los pobladores.